lunes, 18 de abril de 2011

Mojito

(Basado en hechos verídicos)


Vivimos aplastados entre lo snob y lo cabeza.

Anónimo

-Es la ultima noche –me dijo Zae cuando lo anime a salir al agite. Ahora roe una pajita clavada entre tres hielos babosos y chupa las ultimas gotitas de un líquido amarronado que ya no es fernét, sino como mucho la suciedad del vaso desprendida y diluida. Hay una instancia en las primeras etapas del estado de ebriedad, en la que uno empieza a percibir el mundo como una especie de videojuego o arcade primitivo, donde para cada acción simple hay una reacción simple; para cada acto de propia voluntad hay una recompensa o un castigo. Entonces uno puede ir a la barra y pedirse otro trago, siempre que se tenga un billete en el bolsillo. Y Zae que en su ultima noche de agite no iba a cruzar el arroyo nadando, lo tiene. Así que barra, billete, trago, y cuando toca el vidrio frío y húmedo del vaso (porque del otro lado del arroyo los tragos se sirven así, fríos y en vaso de vidrio), Zae siente que tiene en su mano algo poderoso, como quien dice la estrellita que le otorga un breve momento de invulnerabilidad a Mario, o el punto amarillo grande que le da a Pac-Man el poder de cazar a sus cazadores. Zae tiene ahora en su mano la evidencia tangible de que esta mecánica sencilla de acciones y recompensas funciona maravillosamente: un mojito.

Entonces siguiendo la misma lógica minimalista de quien se encuentra medianamente en pedo, cualquier hueso del boliche esta al alcance de una acción simple, y sino ¿cual fue la gracia de salir al agite una ultima vez? ¿Para qué gastarse cruzando el arroyo en primer lugar? Y será cierto que del otro lado, de nuestro lado del arroyo, también hay huesos. Pero esos difícilmente reaccionan al Zae, porque el no tiene una 4x4 ni un futuro prometedor en las inferiores de Lanús. El en realidad, tarde o temprano siempre termina hablándoles de música, de bandas que no conoce nadie. Y ¿Qué clase de idiota se pone a hablar de música si para empezar no toca en ninguna banda conocida? No, es más fácil pensar que de nuestro lado del arroyo no hay hueso que valga, es más fácil pensar del otro lado, donde Zae les hablaba de su Of Montreal, su Dirty Proyectors, su amor por los discos solistas de Barret. Y los huesos escuchaban fascinados, no porque nunca les habían hablado de esos músicos, sino porque nunca lo habían hecho de verdad, de una manera tan honesta y poco pretenciosa.

Ahora, nunca me quedo claro desde cuando y en que circunstancias el Zae empezó a decirles huesos a las mujeres que le interesan sexualmente. Siempre me gusto imaginar que el se ve a si mismo (o al genero masculino en su totalidad) como un perro con hambre esperando que le tiren alguna chica. Pero lo gracioso esta vez es que el hueso al que se acerca con paso decidido y armado solamente con un mojito, es en verdad piel y hueso.

Ella, que ensaya alguna clase de baile lento y desinteresado con una amiga igualmente raquítica, mientras bebe a espaciados sorbos una lata de speed que sostiene con culpa, sabe que el Zae esta parado detrás suyo y que la esta mirando fijamente. Pero ella hace como si nada, ella realmente es buena en eso de hacer como si nada y seguir bailando.

-Hola –le dice el Zae, de una manera más irreverente que ingenua. El es bueno en eso de hacer que pasen cosas, tiene el poder de provocar reacciones ¡Tiene el poder del mojito!

Ella amaga torpemente girar la cabeza, pero no lo va a hacer; ya lo tiene visto al aparato de atrás, vaya que se hace ver con ese pelucón de indigente que tiene por peinado. No, ella va a seguir bailando con su amiga lenta y desinteresadamente. Le da un ultimo trago al speed y tira la lata con bronca contra el piso, no porque el subnormal que tiene atrás parado la ponga nerviosa, nonono. Es que ella en verdad odia al speed que se acaba de tomar, lo odia porque junto con el se tomo una cantidad exorbitante de cafeína. Cafeína que, según leyó en un blog, fija las grasas a su cuerpo ya-no-tan-adolescente. Grasa, vulgar grasa, que entierra poco a poco la belleza eterea de sus huesos…

-Hola –dice el Zae, y finalmente logra su reacción: esta vez viene en la forma de dos hermosos ojos llenos de odio.

-Hola – le devuelve ella el saludo como quien devuelve una granada de mano. Acto seguido se da vuelta y sigue bailando como si nada

Entonces yo, ya no como observador omnisciente sino como humilde parroquiano atendiendo al incidente desde la barra, noto un cambio en la expresión del Zae, una ligera variación en la comisura de los labios. A lo que empiezo a apurar el gin tonic que recién acabo de comprar, una lastima, con lo que te lo cobran…

-Que cosa más difícil socializar en los eventos sociales –le dice el Zae con acento sobreactuado a la flaca que de hueso ya no tienen nada, si es que alguna vez lo tuvo (exceptuando el sentido más literal de la palabra ¿no?)

Ella se da vuelta por segunda vez, decidida a terminar definitivamente con esta insolencia. Pero cuando se ve enfrentada cara a cara con la sonrisita idiota del Zae, aparece el miedo.

Miedo porque de pronto su, en realidad, calculadísima interpretación de “objeto de deseo inalcanzable” se ve vulnerada ante una sonrisa cuya aparente idiotez es completamente deliberada, mas deliberada aun que su preciosa cara de orto.

Entonces no queda otra que improvisar. Ella ahora intenta reproducir una expresión que vio alguna vez en uno de esos programas pseudo periodísticos donde muestran cámara en mano la sensacionalmente violenta realidad del otro lado del arroyo. Hay que decir que desde los ojos de este humilde parroquiano el duelo de miradas se ve hilarante, ni hablar desde la perspectiva del Zae, cuya sonrisa se convierte en una carcajada violenta. Desesperada, ella entiende su única escapatoria posible en cumplir la amenaza que venia implícita con su “mejor cara de pibe chorro”, y le mete una trompada al Zae. Y otra, y una mas. Luego se da vuelta e intenta seguir bailando, pero esta vez no le sale tan bien eso de hacer como si nada. No importa, le dio su merecido a ese imbécil, de lo demás se encargara el patovica.

El patovica, que también asistió atentamente a la escena, sabe lo que tiene que hacer en estas situaciones. Pero hay algo que le esta bloqueando la lógica primitiva característica de su trabajo (lógica que en realidad se parece bastante a la de Zae semi-borracho, pero con intenciones completamente opuestas). El ya se canso de presenciar y ser cómplice de la insensatez ajena, de tener que sacar pibes que ni siquiera están borrachos, por el capricho de pendejas soberbias como esta, o del pelotudo del DJ que tiene enemigos por todos lados (y con razón). No, por una vez en su vida y aunque le cueste el trabajo, el patovica decide escuchar a su corazón: simplemente no esta bien que la pendeja se salga con la suya.

Esa misma idea es la que recibo telepáticamente desde la mirada de Zae, ella no puede salirse con la suya. Entonces remato mi gin tonic de un sorbo largo y preparo las acciones evasivas: hemos llegado al precoz climax de la ultima noche de agite. Una lastima, me repito.

El Zae acaba de recibir las tres piñas más extrañas de su vida; no es que nunca le haya pegado una mujer, pero ese par de bracitos famélicos le generaron más ternura que dolor. Igual no va a quedar así, porque dentro de cualquier lógica mas o menos compleja, mas o menos sobria, en realidad el no hizo nada para que lo traten de esa manera. Y la verdad es que Zae ya esta cansado de este juego que le ofrece lo que no le da, esta cansado de cruzar el arroyo, de gastarse lo que no tiene cada sábado buscándole un orden distinto a las cosas, tratando de reencontrarse con la sensualidad de lo nuevo. Por eso es que esta es la última noche de agite del Zae, y ahora esta a punto de hacer lo único que se puede hacer con un juego que ya te cansó: bugearlo.

-WHOOOOOOOAAAAAHHHH!!! –le grita en la nuca con todas sus fuerzas y ella se da vuelta aturdidísima, solo para recibir de lleno en la cara un liquido frío que su lengua identifico como un mojito, bastante bien preparado.

Cuando consigue abrir los ojos se encuentra de vuelta frente a esa sonrisa que ya de idiota no tiene nada; ella cree saber distinguir entre la idiotez y la mera locura. Como broche final ante sus ojos, el demente deja caer el vaso de vidrio, que revienta contra el piso a pocos centímetros de la infame lata de speed. Ahora si: game over, insert coin(s).

Entonces aparezco yo, a tocarle el hombro al Zae para emprender la huida definitiva. Caminamos sin apuro, concientes de que en cualquier momento puede llegar un tacle y su consiguiente paliza. Pero el patovica no nos siguió, de inmediato entendió que nuestra intención era irnos de ese lugar, y nos dejo hacerlo al menos con dignidad.

Y si al momento de salir a nuestra ultima noche de agite lo hicimos sabiendo de antemano que hoy por hoy el arroyo en realidad es un rió profundo y caudaloso, cuando nos fuimos de ese lugar entendimos una cosa mas. Entendimos que a mayor sea el cause y mas turbio su caudal, mas parecidas entre si acaban siendo sus orillas.

domingo, 20 de marzo de 2011

Flipper

Chico Burbuja rueda por una autopista de luces que zumban

Rueda cuesta abajo

Rueda cuesta arriba

La ley de gravedad

Y las leyes de la relatividad

Confía en que todo lo que baja tiene que subir.


Chico Burbuja rebota en un flipper de muñecas inflables

Y colchones alquilados

En su burbuja empañada

Es un fantasma que no asusta a nadie


No sabe que hora es

Ni de que lado va a salir el sol

Ni de que lado se va a poner

Chico Burbuja se queda dormido

Y rueda cuesta abajo

En una ciudad que apenas despierta

jueves, 3 de febrero de 2011

HOLA

Que oscura que es la realidad wacho
Zae Ivaz


Transcripcion 100% texual de una conversacion mediante Facebook Chat que se desarrollo el dia jueves 3 de Febrero del año 2011 entre las 22: 01 y las 22:34 Hs. Los nombres seran omitidos para proteger la identidad de los protagonistas.


-che onedollarporn
tengo que hacerte una pregunta seria

-diga

-yo tengo una banda, puedo utilizar tu poema "nieguenme" como letra de un tema y darte credito o tendria que pagarte regalias?

-mhhh habria que pegarse una vuelta por sadaic
jajaja

-:S
jajaja

-se te ocurre como ponerle musica a eso?

-sí, ya lo hice
es que te cuento
yo hago las letras de mi banda
pero un día estaba llegando tarde al ensayo y como estaba apurada agarré una hoja que pensaba que tenía mis letras
y agarré una hoja con poemas tuyos, que me había dado kabán en el último ciclo menstrual, sin darme cuenta
así que en el ensayo cuando hicimos un tema con tal de cantar alguna letra me puse a entonar niéguenme. quedó muy bueno
podría cambiar la letra y en vez de nieguenme decir matenme, sobenme o algo por el estilo

-podes hacer el tema
pero pero si me gusta puedo hacer un semi cover
jajaja

-cómo? vos hacés música?

-solo palidos intentos
pero en el futuro nunca se sabe
jah
quiero ver como suena eso

-qué tipo de música te gusta?
porque nuestra banda es como rock pero todavía no definimos bien el estilo

-no se, pase por muchas cosas
ultimamente post punk

-ah... nosotros recién empezamos
el único que hace bien su trabajo es el baterista (?)
pero canté el tema este ante varias personas
y todas afirmaron que lo tendrían en su repertorio de mp3

-wow

-sino también te puedo dejar adjudicarte un poema mío
jaja

-jajajaja
esta bien, yo solo quiero ver como suena

-bueno, "reggio" entonces
cuando lo grabemos te aviso
bah, ahora que me acuerdo el baterista no va a estar disponible por un par de meses
pero lo puedo grabar muy lo-fi
solo para que veas como es

-ok
tocas algo?

-el teclado, igual en la banda solo canto
sos amigo de ivanovich leivas? es re lindo

...

domingo, 2 de enero de 2011

Ratskcor

Soy Jesús de los micrófonos

Por favor, niéguenme


Soy el dios de una religión olvidada

Colgado en una cruz de indiferencia

Un domingo silencioso


O tal vez solo estoy aburrido



Niéguenme

Niéguenme

Sus hijas

Ya fueron bautizadas

Por la guitarra de otro

Así que niéguenme

martes, 28 de diciembre de 2010

Mira al cielo y baja el arma
baja el arma
baja el arma

y alguien dice
“un minuto de piedad para este hombre
que en sus hombros sostiene la mentira de cada sol
y la verdad de nuestros hijos”

Y un minuto después todos vuelven a sus casas
con sus esposas
sus amantes
y sus hijos.

martes, 16 de noviembre de 2010

Ejercicio de Liberación Espiritual

Vuelva a su casa luego de un día de intensas actividades laborales. Encienda su televisor, deslícese entre un par de canales, yendo y viniendo. Aburrase, siéntase culturalmente frustrado y apague el televisor. Cene algo que gusta, siéntalo insípido y devórelo mecánicamente. Conéctese a Internet y chequee su correo, luego visite su perfil de Facebook, comparta un pensamiento o una canción que supo escuchar y hasta disfrutar en otro momento de su vida. Aburrase, siéntase solo. Métase a la cama y busque un libro para releer, recórralo con confianza. Cierre el libro, apague la luz y apoye la nuca en la almohada. Mire fijamente al techo alumbrado tenuemente por la luz de la calle, atienda al lejano murmullo de una avenida. Piense en el tiempo, en los años que pasan silenciosos, en lo meramente circunstancial de la vida. Piense en la muerte y el olvido, en el amor y los afectos. Piense en los amigos que desaparecieron y los que quedan, en las mujeres que deseaba y nunca tuvo. Piense en la secundaria o las clases de guitarra, el bar al que iban siempre, la disquería que cerró hace años, la sala de ensayos mohosa. Piense en cuando se escapo de la escuela en una tarde lluviosa, piense en el kiosco que abría toda la noche, piense en haber dormido en el piso más de una vez.

Levántese, camine hacia el baño. Prenda la luz y mírese fijamente en el espejo. Repítase lo siguiente con confianza: Usted no es especial, usted no hizo nada que otros no hayan hecho antes y mejor. Usted en efecto no sabe hacer ni hace nada más que pensar en si mismo. Usted no ha hecho nada para merecer el afecto de los demás. Usted es feo y aburrido, además de pretencioso e hipócrita. Usted esta solo, y con razón.

Entonces comience a abrazar la idea de que sus pensamientos y sentimientos en realidad han de importarle muy poco al prójimo, quien difícilmente encuentre sentido en preocuparse por la angustia de alguien mas, alguien que no tiene nada para ofrecer más que eso mismo, angustia. Descúbrase como el ser indeseable que es para los demás. Entonces aprenda a amarse a usted mismo.

Porque desnudo frente a su propia vulgaridad humana será conciente de que en un mundo superpoblado por criaturas de naturaleza irremediablemente egocéntrica, la mera existencia es un privilegio. Disfrute del aire entrando y saliendo de sus fosas nasales, disfrute del frió del espejo en las yemas de los dedos, disfrute del dolor de no ser nadie. Disfrútelo, ámese a usted mismo, y váyase a dormir. De cualquier manera mañana cuando despierte se encontrara devuelta atrapado en un laberinto de autoengaños.

lunes, 25 de octubre de 2010

Ouroboros

Uno esta viajando en un tren ¿no? uno esta sentado junto a la ventanilla mirando como pasan las cosas. Uno ve pasar edificios altos y casa bajas, ciudades grandes y pueblos chicos. Ve pasar bosques y praderas, llanuras y montañas, playas y mares, noches y días, inviernos y veranos. Uno no sabe de donde viene ni hacia donde va, tampoco sabe cuanto tiempo hace que esta viajando en el tren, ni cuando va a llegar a destino. Solo se contenta con el hecho de estar viajando en una dirección, desplazándose a través de los muchos paisajes que se suceden.

A veces uno se queda pensando en la gente que estuvo allí antes construyendo las vías, en como esa gente mas que nadie debió sentir esos lugares en carne propia. Piensa en el calor del desierto, o en el frió de los picos nevados. Piensa las noches y los días de aquellos que trabajaron instalando los rieles sobre los que ahora se desplaza velozmente nuestro tren, mientras uno observa los paisajes desde la comodidad de su asiento.

Entonces un túnel sumerge al vagón en la más absoluta penumbra. Otro de tantos túneles que atraviesan las montañas mas altas e infranqueables, se dice uno y se relaja en su asiento, aprovechando a manera de descanso la ausencia de un paisaje en la ventanilla que acapare su atención y su imaginación. El túnel se extiende largamente y uno se va hundiendo en el asiento, adormeciéndose mientras piensa en la enorme cordillera que atraviesa aquel oscuro túnel excavado en sus más profundas entrañas. Uno se va hundiendo en un sopor tan profundo como el túnel, hasta que se encuentra a si mismo dentro de un vivido sueño.

En el sueño esta afuera del tren, bajo una luna llena que solo sabe romper la negra monotonía del paisaje reflejándose paralelamente en dos rayos de luz espectral, que se interrumpen a sus pies en la forma de dos rieles de acero: una vía inconclusa. En el sueño esta solo y ha de continuar el trabajo, instalando durmiente tras durmiente y remachando sobre ellos los pesados rieles. En el sueño esta cansado, tiene hambre y frió, pero no se puede detener. Bajo la tenue luz de la luna llena continua su trabajo sin reparar en la otra luz que ve de reojo en el horizonte, el pequeño resplandor de un tren acercándose a toda velocidad. Un resplandor que de pronto ya no se ve tan pequeño, una bocina estridente que se oye cada vez mas fuerte. Y sin embargo no viene a interrumpir su tarea, como si se tuviera chance alguna de posponer el desastre que se avecina. No detiene su trabajo sino hasta que nota como sus manos se van iluminando por el resplandor inminente. Solo ahí es cuando levanta la mirada en un gesto final de resignación.

Entonces uno despierta en el asiento del tren que aun sigue surcando la persistente oscuridad del túnel. Uno se ve invadido por una perturbadora sensación de incongruencia, pero rápidamente atribuye esto a la lucidez con la que experimento el sueño del que apenas se despierta. Sus pensamientos reparan entonces en lo extenso del túnel que quien sabe cuanto tiempo lleva recorriendo el tren. Tanto tiempo viajando a oscuras hace que piense cualquier cosa, se dice uno tratando de recuperar la calma que no encuentra. El tren avanza a toda velocidad, no puede verlo pero puede oírlo en el traqueteo incesante, casi la única conexión sensorial que tiene con ese mundo que no es el sueño, pero uno ya no sabe. Porque en esta ventanilla no, pero quizá del otro lado se puede ver una luna llena radiante. O quizá el maquinista la ve desde su cabina, reflejándose en los rieles como dos rayos perfectamente paralelos, que quizá se interrumpan en la negra noche a los pies de un obrero que solo atina a levantar la mirada para recibir de lleno las consecuencias de su trabajo inconcluso.

Pero no, de repente la luz del día barre con la penumbra y uno casi de inmediato cierra los ojos que duelen. Casi de inmediato, pero basto un instante de luz para ver algo todavía mas angustiante que el sueño del tren a punto de descarrilarse. Lentamente entreabre los ojos y confirma lo que le dijo aquel vistazo fugaz: el tren sigue atravesando el paisaje a toda velocidad, si, pero en la dirección contraria.

Uno se levanta abruptamente y mira a su alrededor. Ve caras de lejos, y de cerca, pero igualmente lejanas. Se da vuelta y se abalanza torpemente hacia el asiento trasero, donde una pareja joven le devuelve una mirada incrédula. Le aseguran que no notaron en ningún momento que el tren se detuviera o cambiara de dirección. Mismo un hombre de sombrero en la otra fila, que se muestra disgustado de tener que despegar los ojos de la ventanilla para responderle, o una anciana delante de este que parece incomodada por las indagaciones. Pronto aparece un guardia y le pide que vuelva al asiento, que seguramente en la oscuridad del túnel uno se desoriento, que es algo muy común…

Y uno piensa que puede ser cierto, que la mente puede haberle jugado una mala pasada, que quizá siempre estuvo sentado al revés y al perder la referencia por un tiempo tan prolongado simplemente se olvido de ese detalle. Y entonces uno vuelve a la comodidad del asiento, y apoya la nariz en el frió de la ventanilla.

Hay montañas en el horizonte, con laderas cubiertas por bosques. Entonces pasan pinos, abetos, algunas rocas grandes y filosas, un barranco pronunciado. Y de pronto uno sabe que pasando el barranco aparecerán mas abetos, y luego vendrá un arrollo. Uno lo sabe porque ya recorrió ese lugar en sentido inverso.

Se dice entonces que ya fue suficiente, deja el asiento y con paso decidido se dirige hasta es habitáculo del maquinista. Después de cruzar un par de vagones uno se da cuenta de que si el tren va en la dirección contraria, el maquinista en realidad ahora debe estar en el extremo opuesto. Se da vuelta y se topa con el guardia, pidiéndole otra vez que vuelva a su asiento. Uno le dice que no, que el tren esta yendo al revés y que uno no se va a calmar hasta que pueda hablar con el maquinista. Acto seguido empuja a un costado al guardia y sigue su camino. El guardia no lo sigue.

Cruza vagón tras vagón a pasos largos y violentos. La gente, sentada, no quita la vista de la ventanilla. Algunos lo miran nerviosamente, pero nadie se levanta, nadie pregunta. Eventualmente los pasos se vuelven trote, y al cabo de varios vagones uno ya esta corriendo tan rápido como puede. Uno atrás de otro va saltando de vagón en vagón, corriendo en la dirección contraria, piensa, pero solo de esa manera se puede dar con el maquinista de un tren que va al revés ¿no? Es una idea simple, pero la verdad es que uno ya no sabe cuantos vagones cruzo. Imposible no reparar en lo inusualmente largo del tren, ineludible también el cansancio. Agotado, uno se detiene jadeante a la mitad del enésimo vagón.

Inútil buscarle cola y cabeza a una serpiente que se come a si misma, dice un hombre mayor que lo mira desde su asiento. Uno trata de explicarle entre jadeos de fatiga lo que esta pasando, pero el hombre ya lo sabe. Le dice a uno que de cualquier manera, para los pasajeros y el maquinista el tren siempre va hacia delante.

Entonces uno pregunta que es lo que pueden hacer aquellos que se dan cuenta del cambio. El hombre no dice nada, solo apunta con la mirada hacia una puerta lateral del vagón, y sonríe.

Uno se queda en silencio, lentamente recuperando el aliento. Mira hacia un extremo del vagón, luego hacia el otro, es como ver dos espejos enfrentados piensa. Deja salir un suspiro profundo y camina hacia la puerta lateral.

Cuando uno abre la puerta y recibe de lleno la corriente de aire frío, no puede evitar pensar que tuvo que haber alguien en aquel lugar antes que el tren.